Mateo
26:69
69Pedro
estaba sentado fuera en el patio; y se le acercó una criada, diciendo: Tú
también estabas con Jesús el galileo.
70 Mas
él negó delante de todos, diciendo: No sé lo que dices.
71
Saliendo él a la puerta, le vio otra, y dijo a los que estaban allí: También
éste estaba con Jesús el nazareno.
72 Pero
él negó otra vez con juramento: No conozco al hombre.
73 Un
poco después, acercándose los que por allí estaban, dijeron a Pedro: Verdaderamente
también tú eres de ellos, porque aun tu manera de hablar te descubre.
74
Entonces él comenzó a maldecir, y a jurar: No conozco al hombre. Y en seguida
cantó el gallo.
75
Entonces Pedro se acordó de las palabras de Jesús, que le había dicho: Antes
que cante el gallo, me negarás tres veces. Y saliendo fuera, lloró amargamente.
Siempre
hago una pregunta reflectiva: ¿Ha pecado usted? ¿Peca usted? ¿Tiene problema de
pecado usted? He visto desde el púlpito como la gente frunce el ceño y cómo
cambian los rostros. Es que estas son preguntas retoricas. He llegado a una
conclusión bíblica y absolutista, conclusiva, radical, que de no ser así la
biblia estaría mintiendo.
Romanos
3:23
23 por
cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios.
Romanos
3:19
19 Pero
sabemos que todo lo que la ley dice, lo dice a los que están bajo la ley, para
que toda boca se cierre y todo el mundo quede bajo el juicio de Dios;
Romanos
3:10
10 Como
está escrito:
No hay justo, ni aun uno;
11 No
hay quien entienda,
No hay
quien busque a Dios.
12
Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles;
No hay
quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno.
Este es
un tema amplísimo, un tema que revela el corazón del hombre. Cuando me acerco
al tema del pecado veo que esto esta matizado por las conductas y las variables
sociales en las cual nosotros nos movemos. Fíjese que el usted hablar de un
pecado sexual no es lo mismo que el usted hablar de un chisme. La connotación y
la morbosidad que se le impregna al uno y al otro son totalmente diferentes.
Todos
nosotros hemos caído en la práctica de llegar a lugares a sentarnos a denostar
personas porque entendemos que no es un pecado tan flagrante, pero cuando usted
se va con alguien a la oscuridad y usted va a hacer algo sexualmente indebido
usted va con un temor extra. Pero este temor extra no debería ser extra en
función del Espíritu Santo, ¿por qué? Bueno, respondamos esta pregunta y veamos
a que conclusión llegamos: ¿Entendemos nosotros como la ICAR que hay pecados
capitales o entendemos que todos los pecados son iguales? La respuesta es que
en fondo sí son todos iguales, en forma, no, no lo son; en fondo el pecado
tiene una gran consecuencia, en forma, terrenalmente, tiene diferentes
consecuencias. Entonces, me pongo en la posición de aquel que va a hacer algo
indebido sexualmente, por poner un caso estridente y sumamente serio. El que va
a hacer algo escondido va con un temor, va subrepticio, va en penumbras y va
con cierto miedo al ser descubierto ¿por qué? por la vergüenza. Esta vergüenza,
¿es una vergüenza espiritual o es una vergüenza terrenal? ¿Cuál tiene mayor
peso? Hagamos una comparación, comparemos el chisme con la fornicación: es más
fácil caer en el chisme que en la fornicación ¿Por qué? ¿Porque le tememos a
Dios o porque le tememos a ser descubiertos? No es que no le temamos a Dios,
pero pensamos mas en la vergüenza terrenal que en lo que Dios puede pensar de
nosotros.
No sé
si me entiende aun, pero cuando hablamos de algo oscuro, esto traerá una
catarsis, y una muy grande. Yo me arriesgo a considerar que nuestro miedo tiene
una connotación más terrenal que espiritual, no digo que carezca del todo, pero
si fuese de un carácter más espiritual
nos condujésemos en todos los aspectos del pecado de la misma manera: al igual
que como siento un profundo temor para hacer lo indebido sexualmente, sentiré
el mismo temor al sentarme con alguien y chismear, por poner un ejemplo.
Lamentablemente, sabemos que esto no es así.
Vuelvo
y me pregunto, en el contexto sociológico nuestro, ¿Nuestro temor es hacia la
vergüenza del pecado o hacia las consecuencias de este frente a Dios? Sostengo
de nuevo lo siguiente: yo creo que le tenemos más miedo a la vergüenza terrenal
del pecado que a al problema que me causa con Dios el pecado.
Vuelvo
a la introducción ¿Cuántos pecamos? Si somos partidarios de la ICAR y nos vamos
a los pecados capitales ¿pecamos nosotros de orgullo de gula? ¿Nos hemos visto en temor frente a este tipo
de pecado? ¿Cuántas veces hemos pecado de gula?
Veamos
la vida de Pedro antes de que negara al Maestro. Pedro era un hombre colérico y
moralista. Recordemos a Malco, a quien le cortó la oreja. Pedro fue alguien
quien no creyó por un segundo que era capaz de negar a Jesús.
¿Cómo
manejamos al pecado? ¿Cómo manejamos al pecador? Cristo dijo en algún momento
“He venido hacia los que tienen enfermedad, el médico no va a visitar al sano
sino al enfermo”. Déjeme hacerle una pregunta ¿Tiene usted pecado?
Profundizaré aun mas, ¿Tiene usted un pecado que si se supiese usted cayera en
desgracia publica? La respuesta es sí.
¿No siente usted que hay gente que se aliena totalmente? Hay
personas que están, pero que no están. Muchas de estas conductas se justifican
en nuestras iglesias y en nuestros círculos, porque lamentablemente, y no digo
con esto que estas justificaciones estén correctas, decirle algo a alguien
dentro de la iglesia puede significar el usted firmar su sentencia de muerte.
Cuándo mi pecado se sabe ¿cómo esto se maneja?
Imagínese alguien que comete una falta, ¿este hermano debe
ir a otra iglesia para que le tomen en cuenta porque su pasado automáticamente
le sepulta? Hay que decir la verdad, la
iglesia no cuenta con una pastoral para manejar el pecador. Una persona se
encuentra en una situación difícil y muchas veces la gente le trata como si
tuviera asco. Llega un momento en el que yo mismo diría que es mejor no decir
nada a nadie, porque ya vemos como a este le tratan en medio de la dificultad.
¿Por qué cito el ejemplo de Pedro? Porque somos muy eficaces
cuando se trata del otro, pero cuando se trata de nosotros perdemos todo
sentido de sensatez. ¿Qué le gustaría a usted que haga su iglesia cuando usted
falle o este en problemas? ¿Que sea restaurado? ¿Que sea respaldado? ¿Que le
cuiden? ¿Que le guíen? ¿Hace esto la iglesia? Muchas veces no. Muchas veces la
iglesia actúa de esta manera: “Siervo, estamos orando por ti, todo saldrá bien,
tu familia saldrá adelante”, pero este apoyo es ficticio y lo real es que todo
mundo sabe que nada volverá a ser igual y posiblemente este hermano se quede
alienado del grupo eclesiástico. Entonces, debe de irse a otra iglesia porque
ya en medio nuestro no cabe, y reitero, no justifico el mal de nadie ni tampoco
el mío, pero, luego de que usted corrige a sus hijos, ¿usted los bota de la
casa? ¿Deben ellos irse a otro hogar
luego de haber fallado? Ciertamente usted no justifica los errores de sus
hijos, usted los corrige pero no los abandona, a usted le duele más que a
ellos. Hay una línea clara entre justificar el pecado y enfrentarlo
correctamente.
Entonces ¿tiene la gente que irse a otra iglesia en donde no
conozcan su pasado y nadie esté pendiente de lo que le pasó sino de lo que le
puede pasar en Dios de ahí en adelante? Esta es la historia de muchísimas
personas en muchísimas congregaciones. Somos excelente recibiendo al de fuera,
pero a los nuestros los terminamos excluyendo porque no sabemos cómo tratarlos
y la gente termina yéndose porque los que deben estar para apoyar están para
juzgar, señalar y tratarles como los más viles pecadores.
La religión nos enseña a medir la gente por lo que esta hace
no por lo que es, el cristianismo nos enseña a considerarnos.
Galatas 6:1
1Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta,
vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre,
considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado.
¿Hemos visto que la gente actúa con ingratitud? De repente
cuando alguien se ensucia nunca fue limpio. Esto crea un conflicto para la
iglesia, en donde se supone que estamos llamados a sentarnos y a mitigar las
situaciones como hijos en una casa. Porque lo que significa es que no podre
decirle mi pecado a todo el mundo ya que de hacerlo me llevaran como caña al ingenio.
Lo que me llevaría entonces a hacer lo que muchas personas hacen, aislarse. Y
esto, hermano mío, es un pecado igual que el que callamos. Esta conducta a
veces trato de justificarla porque muchas veces para sobrevivir en una
congregación hay que valerse de esto ya que el confesar nuestro pecado puede
ocasionar, como dije mas arriba, nuestra sepultura. La verdad es que tenemos
problemas de todo tipo de pecado, entonces ¿Cómo manejamos el pecado?
¿Desestimaremos al pecador? ¿Dios nos desestimó a nosotros? ¿Si un líder cae ya
no puede ser líder? ¿Debe este líder salir y buscar otra congregación en donde
le restauren y le valoren? Dios mío, no sabemos caminar con la gente cuando
cae. No sabemos manejar la herida del herido.
Nuestro trabajo es restaurar, la etimología de esta palabra
sugiere que coloquemos lo restaurado en el lugar en donde estaba. Cuando llega
un proceso de dificultad tiene que ponerse a prueba el corazón del restaurado y
el corazón del restaurador, porque muchas veces restauramos condicionalmente
dependiendo ésta de múltiples variables, tales como la persona que
restauraremos, el tipo de dificultad en la que está, ect. Pero, si hemos de ser
nosotros quienes necesitamos restauración nos encantaría que se despejen todas
estas variables y nos traten con amor.
Este mal manejo del tema de la restauración crea también
otro problema, y es que al nadie ser honesto se crea un fariseísmo en el cual
todos estamos de maravilla y nadie está bajo ningún proceso de ningún tipo ni
bajo ninguna condición de pecado. Pero en la biblia vemos a un Jesús decir
“ahora está turbada mi alma”, “en el mundo tendrás aflicción”; un Pablo decir
estoy “estoy atribulado pero no angustiado, derribado pero no destruido”. Pero, en nuestra sub-cultura cristiana si no
estamos sumamente felices entonces no somos “espirituales”.
Los procesos difíciles vienen a traer a colación lo que hay
en el corazón de la gente, si no asumimos la responsabilidad de entender a
nuestro hermano no sabremos para que Dios nos puso en una congregación. Claro
la “idea” es que todos acabemos sin mancha, ahora bien ¿Estamos sin mancha a
esta altura de juego? No, por tanto la “idea” será que al final no se descubran
las manchas, lo cual es una vida hipócrita que solo sirve para sostener un
estándar. Es mejor pedirle a Dios que nos permita vivir en integridad y en una
lucha constante contra el pecado. Entiendo yo, esa es la vida cristiana.
Si no nos restauramos unos a otros, entonces no somos
hermanos como tales, no nos amamos como dice la biblia, porque la biblia dice
“que os améis los unos a los otros; que como yo os he amado, así también os
améis los unos a los otros.” ¿Cómo Cristo nos amó? Nos amó perdonándonos todo
lo malo que hemos hecho. ¿Qué debemos
hacer con el hermano que está en apuros? No podemos enviarlo al sarcófago,
debemos amarle y restaurarle, esto mismo es lo que nos gustaría que hicieran
con nosotros.
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